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Memorias de Pez » ¿Puede colapsar el régimen iraní de los Ayatolas?

¿Puede colapsar el régimen iraní de los Ayatolas?

Por Paula Pérez Calvo
14 de julio de 2025 a las 10:50
en Geopolítica
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¿Puede colapsar el régimen iraní de los Ayatolas?

Israel ha atacado Irán y lo ha hecho con una superioridad que pocos esperaban. La guerra de los 12 días ha sido brutal. Los problemas que ha tenido Irán para defender sus cielos y la muerte de gran parte de la plana mayor de la Guardia Revolucionaria Islámica han puesto de manifiesto que el régimen de los ayatolás podría no tener los cimientos muy sólidos, y esto ha dado alas a diversos actores que quieren hacer caer al régimen.

En paralelo, el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, envió mensajes directos al orgulloso pueblo de Irán, animándoles a alzarse, enfatizando que el régimen nunca ha estado tan débil. Y razón no le falta, ya que no se recuerda en Irán una crisis como esta desde que los ayatolás llegaron al poder tras la Revolución Islámica de 1979.

Así que hoy vamos a responder a varias preguntas: ¿por qué hay tanta gente harta de los ayatolás? ¿Quién puede hacer caer al régimen? Y lo más importante: ¿lo lograrán?

Bueno, la primera razón por la que el régimen podría caer es por algo que ya os he comentado: la sensación de debilidad del gobierno es tremenda después de que Israel haya mostrado que el sistema de defensa iraní era poco menos que de cartón piedra. Pero no es el único motivo.

Las condiciones internas dentro de Irán también apuntan a un momento propicio para un cambio. La población lleva años sufriendo una grave crisis económica. Las sanciones internacionales por el programa nuclear, sumadas a la corrupción y la mala gestión, han provocado una altísima inflación, la devaluación del rial, escasez de algunos productos y aumento del desempleo juvenil. Muchos iraníes sienten que el régimen los ha empobrecido y aislado, destinando recursos a aventuras militares en el exterior, como la de Siria, la de Líbano, la de Gaza, la de Yemen, mientras descuidaba el bienestar nacional.

A esto se suma un hastío profundo de amplios sectores por la represión política, la censura, la falta de libertad de expresión, la imposición del código islámico, especialmente sobre las mujeres, y las violaciones a los derechos humanos han convertido a la República Islámica en un estado policial temido por muchos. Solo en 2024, Irán ejecutó al menos 975 personas.

Además, en el tablero político interno ocurren movimientos importantes. El Ayatolá Jameneí tiene 86 años y lleva desde 1989 en el poder. Desde hace tiempo se baraja la cuestión de su sucesión, con nombres como su hijo Mojtaba o el presidente ultraconservador Ebrahim Raisi. Un eventual vacío de poder por la muerte, incapacidad o asesinato de Jameneí podría desatar pugnas entre facciones del régimen, como la Guardia Revolucionaria, el clero o los políticos, y abrir así grietas por donde la oposición podría colarse.

¿Quién podría acabar con el régimen iraní?

En este caso dividiremos a la oposición en tres grupos: los activistas por democracia, los movimientos autonomistas y los yihadistas suníes.

  1. Activistas por democracia.

El primer grupo de oposición lo conforman los iraníes que abogan por la democratización y mayores libertades civiles. Incluye a activistas, intelectuales, políticos exiliados y ciudadanos de a pie que han protagonizado protestas masivas en los últimos años. Su objetivo común es reemplazar la actual República Islámica por un sistema más abierto, ya sea una república secular o incluso una monarquía constitucional.

Reza Pahlavi

Entre las figuras más destacadas está Reza Pahlavi, expríncipe heredero e hijo del Shah derrocado en 1979. Pahlavi se ha erigido como un portavoz de la oposición en el exilio y promueve una transición pacífica hacia la democracia. De hecho, a raíz de los ataques israelíes, Pahlavi ha hecho llamamientos para que la población se levante contra los ayatolás. No hay que olvidar que, pese a la censura y la represión, en los últimos años han estallado protestas prodemocráticas de gran magnitud. La más notable en tiempos recientes fue la de otoño de 2022, después de que una joven kurda de 22 años llamada Mahsa Amini fuese asesinada por no llevar el velo correctamente puesto. Aquella indignación inicial de las mujeres por la moralidad impuesta rápidamente se convirtió en un levantamiento popular a nivel nacional contra la falta de libertades y la violencia estatal.

Aunque el régimen sofocó brutalmente estas protestas de 2022, ejecutando y encarcelando a cientos de participantes, la semilla de la disidencia quedó plantada. Líderes estudiantiles, activistas de derechos humanos y colectivos civiles, como periodistas, abogados o sindicalistas, han mantenido viva la llama del descontento, a menudo organizando protestas más pequeñas o campañas en redes sociales para exigir reformas.

2. Movimientos autonomistas

Otra parte crucial de la oposición proviene de las minorías étnicas y regionales de Irán, algunas de las cuales mantienen movimientos autonomistas o independentistas desde hace décadas. Cuando hablamos de Irán, tendemos a pensar que allí todos son persas, pero nada más lejos de la realidad. Irán es un país diverso, donde aproximadamente la mitad de la población pertenece a grupos no persas, como azeríes, kurdos, baluchis, árabes, turcomanos, etc. Desde 1979, muchas de estas comunidades se han sentido marginadas cultural, económica y políticamente por el régimen central chií-persa, lo que ha dado lugar a protestas locales e incluso insurgencias armadas esporádicas.

Los movimientos más importantes en este aspecto son los kurdos y los baluchíes. Los kurdos están concentrados en el noroeste del país. A día de hoy, todavía existen partidos opositores en el exilio, como el PDKI o Komala, y guerrillas como el PJAK, que está afiliada al PKK. Estas guerrillas operan desde la vecina Irak. El régimen considera estos grupos como separatistas peligrosos y regularmente bombardea sus bases fronterizas. En las protestas de 2022, cientos de manifestantes kurdos fueron asesinados o heridos por el régimen y muchos más detenidos, torturados o cegados con balas de goma. Distintas personalidades han hecho ya declaraciones llamando a derrocar a los ayatolás a raíz de la intervención israelí.

El otro gran movimiento autonomista está justo en el otro extremo del país. Hablamos de los baluchíes, que viven en la provincia de Sistán-Baluchistán, fronteriza con Pakistán y Afganistán. En este caso, los baluchíes son de mayoría suní. Esta región es una de las más pobres y abandonadas de Irán, con altos índices de desempleo y escasa infraestructura, situación que sus habitantes atribuyen a la discriminación sistemática por parte de Teherán. A lo largo de las décadas, han surgido grupos insurgentes baluchis que reclaman derechos y, en ocasiones, la independencia. Entre ellos destacó Jundalá, que en los años 2000 cometió atentados contra objetivos gubernamentales. Durante las protestas de 2022, la provincia vivió uno de sus episodios más sangrientos. Hablamos del Viernes Sangriento de Zahedán, donde decenas de manifestantes baluchíes fueron abatidos por la Guardia Revolucionaria Islámica tras las oraciones, en represalia por las protestas contra los abusos policiales. Según activistas locales, los baluchíes estuvieron entre quienes más sufrieron la represión del movimiento Mujer, Vida y Libertad. Solo en 2024, al menos 101 prisioneros baluchis fueron ejecutados y cientos más arrestados en Irán.

Además de kurdos y baluchíes, el régimen enfrenta el descontento de otras comunidades. Los árabes ahwazíes del suroeste, en la provincia petrolera del Juzestán, llevan años denunciando discriminación lingüística y marginación económica. Por su parte, los azeríes, la minoría más numerosa del noroeste, están integrados en la estructura del poder iraní, pero allí también hay movimientos culturales que exigen mayor autonomía cultural y han protestado contra el centralismo persa. Sobre esto, lo que más teme el régimen es una alianza que coordine los esfuerzos de todos estos grupos para hacer frente a los ayatolás, y más aún si estos grupos pueden llegar a contar con armamento occidental y, llegado el caso, apoyo aéreo por parte de Israel o incluso de Estados Unidos.

3. Grupos extremistas islamistas suníes

Si bien no representan a sectores amplios de la población iraní, sí suponen un factor desestabilizador. Entre ellos destaca el Estado Islámico del Gran Jorasán, más conocido como el ISIS-K, el cual odia todo lo que tenga que ver con el islamismo chií. Desde los años 80, Irán ha librado conflictos indirectos contra extremistas suníes, por ejemplo, combatiendo a los barbudos en Afganistán o movilizando milicias chiíes contra grupos insurgentes en Irak y Siria. Sin embargo, la existencia de estos grupos añade otro frente de oposición violenta. Su objetivo final no es democratizar Irán, sino derrocar a la teocracia chií e instaurar un gobierno suní ultrarradical acorde a su interpretación religiosa.

De caer el régimen de los ayatolás, existe el riesgo de que los extremistas intenten pescar en río revuelto. No obstante, cabe señalar que la base social de estas organizaciones dentro de Irán es muy reducida, ya que la población suní apenas es el 9% del total de la población.

Desde que comenzó el ataque a Irán hemos visto algunos indicios de protesta popular. Por primera vez en redes hemos visto una campaña de la oposición dando gracias a Netanyahu por los bombardeos. También hemos visto cánticos de “muerte al dictador” desde las azoteas de Teherán. Guerrilleros kurdos y baluchíe han llamado a levantarse contra el ayatolá. Lo mismo ha hecho el Partido Comunista iraní y, como decíamos antes, el hijo de la antigua casa de Persia. También hemos visto ciberataques por parte de activistas e incluso negocios que dicen cerrar hasta que acabe la guerra o que se acabe el régimen.

Obstáculos para la caída del régimen

El primero es el aparato represivo, que es fuerte y cohesionado. Y es que la Guardia Revolucionaria, la policía y la milicia Basij forman un núcleo de seguridad altamente ideologizado, numeroso y bien financiado, que actúa con extrema dureza ante cualquier señal de protesta.Este aparato no solo reprime con detenciones y violencia, sino que ha demostrado en repetidas ocasiones estar dispuesto a matar para mantener el control. A pesar de tensiones externas como los bombardeos israelíes, no se han visto grietas en su lealtad al régimen. No hay indicios de un golpe militar desde dentro. Mientras esta élite castrense se mantenga firme, las protestas corren el riesgo de ser aplastadas brutalmente, lo que disuade a muchos ciudadanos de salir a las calles.

El segundo impedimento es la oposición, que está fragmentada y descoordinada. Y es que el campo opositor sufre una crónica falta de unidad. Existen múltiples facciones con visiones enfrentadas: monárquicos, republicanos, islamistas reformistas, laicos, minorías étnicas, exiliados, activistas… Todos tienen agendas distintas. No hay una figura consensuada como líder ni un programa claro sobre una posible transición, lo que dificulta enormemente ofrecer una alternativa creíble al actual sistema. Y claro, muchos iraníes no se atreven a arriesgarse sin saber qué vendría después de que el régimen cayera.

Y por último, tenemos la base leal que tiene el gobierno y su discurso nacionalista eficaz. Y es que, aunque el régimen no es mayoritario, sí conserva una base de apoyo compacta entre religiosos conservadores, clérigos, familias de mártires y milicianos radicalizados. En momentos de tensión con potencias extranjeras, como Israel o Estados Unidos, incluso sectores críticos tienden a cerrar filas por patriotismo, lo que el régimen aprovecha para reforzar su legitimidad. El discurso del enemigo exterior permite etiquetar a los disidentes como traidores y desplazar la atención de los problemas internos.

Etiqueta AyatolasIrán
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