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septiembre 1, 2026 · Por David Rodríguez Escribano

¿Por qué no termina la guerra en Ucrania?

Después de años de conflicto, parece que la guerra entre Rusia y Ucrania aún está muy lejos de finalizar. El frente de batalla lleva prácticamente estancado desde casi el comienzo de la invasión. El número de bajas al año sigue siendo dramático y los logros de cada bando son muy puntuales. La economía rusa se encuentra tiritando y Ucrania, que ha aprendido mucho de la guerra durante estos años, teme quedarse sin el apoyo financiero y logístico que necesita.

Con este panorama aparecen varias preguntas inevitables. Si nadie está ganando, ¿por qué no termina la guerra? ¿Qué incentivos hay para continuar? Y, sobre todo, ¿por qué demonios no consiguen ponerse de acuerdo?

La respuesta corta es que una guerra no termina simplemente cuando resulta demasiado cara. Termina cuando los dos contendientes llegan a la conclusión de que pueden conseguir más negociando que continuando la guerra. Y ese es precisamente el problema de Ucrania: ni Moscú ni Kiev parecen convencidos todavía de que el acuerdo que pueden obtener hoy sea mejor que la posición que podrían conseguir dentro de seis meses o un año.

Para entender por qué, tenemos que hacer un brevísimo viaje al pasado.

Cuando la Unión Soviética desapareció en 1991, Ucrania se convirtió definitivamente en un Estado independiente y heredó en su territorio una enorme cantidad de armas nucleares soviéticas. En 1994 firmó el Memorándum de Budapest, mediante el que Ucrania renunció a ese arsenal y se incorporó al Tratado de No Proliferación Nuclear. A cambio, Rusia, Estados Unidos y Reino Unido se comprometieron a respetar la soberanía ucraniana.

Firma del Memorandum de Budapest en 1994.

Durante las siguientes décadas, Ucrania fue acercándose a Occidente mientras Rusia intentaba mantener una enorme influencia sobre el país. En la cumbre de Bucarest de 2008, la OTAN declaró expresamente que Ucrania y Georgia acabarían convirtiéndose en miembros de la Alianza. Para Moscú, esta progresiva integración militar y política de Ucrania con Occidente se convirtió en una cuestión central de seguridad.

La gran ruptura llegó en 2014. Tras las protestas del Euromaidán y la caída de Víktor Yanukóvich, Rusia ocupó y se anexionó Crimea y comenzó la guerra del Donbás entre Ucrania y las fuerzas separatistas apoyadas por Moscú. Los Acuerdos de Minsk intentaron contener aquel conflicto mediante un alto el fuego. Ocho años después, Rusia lanzó una invasión a gran escala de Ucrania.

Todo esto permite entender las seis grandes razones por las que la guerra sigue sin terminar.

1. Rusia y Ucrania quieren resultados estratégicos incompatibles

Uno podría pensar que el objetivo principal de Putin es conseguir más territorio, más recursos o esa ansiada limpieza ideológica. Y sí, todo esto es muy importante para el Kremlin, pero la cuestión de fondo es otra. El objetivo principal de Rusia es la influencia.

Putin, Zelenski, Merkel y Macron en las negociaciones de París (2019)

La misión de Rusia es evitar que Ucrania termine convertida definitivamente en un Estado integrado militar y políticamente en Occidente. Moscú quiere que Ucrania permanezca fuera de la OTAN, rechaza el despliegue de fuerzas de países de la Alianza y quiere limitar la capacidad militar que Kiev podría conservar después de la guerra. Y, aunque no sea comparable, tampoco le hace mucha gracia que Ucrania termine dentro de la Unión Europea.

Por esto mismo, una de las prioridades rusas ante cualquier eventual alto el fuego sería impedir que Ucrania pudiera reconstruir unas Fuerzas Armadas capaces de poner en peligro las ganancias rusas, y esto pasa por no hacer concesiones en cuanto a las posibles alianzas ucranianas.

Desde el punto de vista ucraniano ocurre exactamente lo contrario. Después de haber sido invadida, Ucrania considera que necesita unas Fuerzas Armadas fuertes y una relación más estrecha con Occidente para evitar que vuelva a ocurrir. Aceptar que Moscú pueda decidir con quién puede aliarse Ucrania equivaldría, para Kiev, a aceptar que su soberanía está limitada por Rusia.

Aquí aparece el primer choque imposible: Rusia quiere terminar la guerra con una Ucrania menos integrada militarmente en Occidente, mientras Ucrania quiere terminarla siendo muchísimo más difícil de volver a invadir. Ninguna línea dibujada en un mapa soluciona este problema.

2. El territorio

Incluso si conseguimos aparcar durante un momento la cuestión de la OTAN, todavía tenemos que responder a una pregunta clave: ¿dónde ponemos la frontera?

Rusia controla Crimea y grandes zonas del este y el sur de Ucrania, pero además ha declarado como integrantes de la Federación Rusa las regiones de Donetsk, Lugansk, Zaporiyia y Jersón, a pesar de que ni siquiera controla completamente todas ellas. Durante las negociaciones de 2026, uno de los principales bloqueos ha sido precisamente la exigencia rusa de que Ucrania abandone la parte de Donetsk que todavía conserva.

Para Ucrania esto supone un problema enorme, porque no estamos hablando simplemente de entregar unos cuantos campos. Parte del territorio que Rusia reclama contiene posiciones defensivas preparadas durante años. Abandonar voluntariamente el cinturón defensivo ucraniano del Donbás obligaría a Ucrania a retirarse hacia terrenos menos preparados, de manera que, si el alto el fuego fracasara, Ucrania empezaría la siguiente guerra desde una posición mucho peor.

Dicho de otra manera: Rusia está pidiendo mediante una negociación posiciones que todavía no ha conseguido conquistar militarmente.

Además, existe una diferencia muy importante entre aceptar quién controla un territorio y reconocer legalmente que ese territorio pertenece al otro país. Marruecos controla la mayor parte del Sáhara Occidental, pero a ojos del derecho internacional no forma parte de Marruecos. Lo mismo ocurre con otros territorios ocupados o disputados.

Ucrania podría aceptar que durante muchos años no tendrá la capacidad para recuperar Crimea y mantener al mismo tiempo que Crimea sigue siendo jurídicamente ucraniana.

3. Las garantías de seguridad

El tercer problema, y probablemente el más difícil de resolver, son las garantías de seguridad.

Imaginemos que ambos países consiguen ponerse de acuerdo con el tema de la OTAN y que Ucrania acepta congelar el frente sobre las posiciones actuales. Kiev tendría inmediatamente una preocupación bastante evidente: ¿qué impide que Rusia utilice los siguientes cinco años para reconstruir su ejército, almacenar munición y volver a intentarlo?

Zelenski y Jens Stoltenberg, secretario general de la OTAN (2024)

Ucrania ya vivió una guerra contenida entre 2014 y 2022 y los Acuerdos de Minsk no impidieron que posteriormente Rusia lanzara una invasión muchísimo mayor. Antes de esto, el Memorándum de Budapest, por el que Rusia se comprometía a respetar la soberanía ucraniana tras la retirada de las armas nucleares soviéticas del territorio ucraniano, tampoco impidió la posterior intervención rusa.

Con estos antecedentes, es difícil que Ucrania pueda fiarse únicamente de un compromiso político. Por eso Kiev considera que un alto el fuego mal diseñado podría permitir a Moscú rearmarse mientras continúa presionando a Ucrania mediante sabotajes, ciberataques o interferencias políticas.

Ucrania quiere garantías suficientemente fuertes como para que volver a atacar resulte demasiado peligroso para Rusia. La opción más evidente sería ingresar en la OTAN, pero eso es una línea roja para Moscú. Otra posibilidad consiste en que Ucrania no entre formalmente en la Alianza, pero mantenga un ejército enorme, siga recibiendo armamento occidental y consiga que países europeos o Estados Unidos prometan intervenir si Rusia vuelve a atacar. La Unión Europea y la llamada Coalición de los Dispuestos llevan meses diseñando precisamente garantías de este tipo.

Aquí aparece la gran paradoja: cuanto más fuerte sea una garantía, más útil resulta para Ucrania, pero más difícil puede resultar que Rusia la acepte. Ucrania necesita una presencia occidental creíble para confiar en la paz y Rusia quiere limitar esa presencia occidental para considerar aceptable la paz.

4. Los dos todavía creen que el tiempo puede jugar a su favor

Incluso si por algún motivo se consiguieran crear garantías de seguridad y solucionar las cuestiones del territorio y la OTAN, todavía quedaría otra pregunta: ¿por qué firmar ahora si alguno de los dos cree que dentro de unos meses puede conseguir un acuerdo mejor?

Paradójicamente, ambos creen que les conviene esperar.

Existe algo llamado falacia del coste hundido: cuanto más tiempo, dinero y vidas has invertido en una estrategia, más difícil resulta abandonarla porque hacerlo implica aceptar que ese sacrificio no sirvió para conseguir tus objetivos. A esto se suma el sesgo de optimismo, esa tendencia a pensar que estamos a una ofensiva, unos meses o un último esfuerzo de cambiar definitivamente la situación. En una guerra es muy fácil caer en la lógica de «hemos llegado hasta aquí, ahora no podemos parar».

Sin embargo, tanto Rusia como Ucrania tienen también razones estratégicas reales para pensar que esperar puede mejorar su posición.

Operador ucraniano de drones en Járkov (2024)

Rusia lleva años practicando una guerra de desgaste. Puede intentar avanzar lentamente mientras obliga a Kiev a consumir sus recursos. Además, Rusia tiene una población mucho mayor, ha movilizado una parte importante de su industria para sostener el esfuerzo bélico y continúa atacando sistemáticamente ciudades e infraestructuras energéticas ucranianas.

Mientras tanto, Kiev ha desarrollado una enorme industria de drones y está utilizando ataques de largo alcance para golpear bases, infraestructuras militares, instalaciones energéticas y otros objetivos dentro de Rusia.

Nos encontramos ante un estancamiento mutuamente doloroso. Una negociación tiene muchas más posibilidades de funcionar cuando ambos contendientes llegan simultáneamente a la conclusión de que seguir combatiendo les cuesta muchísimo y probablemente no mejorará significativamente su posición.

El problema es que todavía no hemos llegado hasta ahí. Rusia continúa creyendo que puede desgastar a Ucrania y Ucrania continúa intentando demostrar a Rusia que ese desgaste no va a funcionar.

5. Putin y Zelenski tienen que poder vender cualquier acuerdo dentro de sus respectivos países

Incluso aunque se encuentre una solución razonable sobre el papel, los negociadores tienen que volver a Moscú o a Kiev y explicar por qué cientos de miles de personas han muerto para terminar aceptando unas condiciones que posiblemente no contenten a todos.

Por ejemplo, entregar el resto del Donbás sería extremadamente difícil de justificar políticamente para Zelenski, especialmente si las garantías occidentales no parecen completamente fiables. Además, cualquier Gobierno ucraniano tendrá que enfrentarse al debate sobre elecciones, legitimidad y el futuro político de un país que lleva años funcionando bajo la ley marcial.

Rusia se enfrenta a un problema diferente. Es el país invasor y, por tanto, las expectativas son distintas. Rusia incorporó formalmente en 2022 cuatro regiones ucranianas a la Federación y el Kremlin lleva años presentando la guerra como una confrontación histórica con Occidente y una cuestión esencial para la seguridad rusa.

Por esto mismo, Putin necesita poder presentar cualquier alto el fuego como el cumplimiento de una serie de objetivos mínimos, entre ellos mantener a Ucrania fuera de la OTAN y evitar tropas de la Alianza en su territorio. Si el acuerdo parece una simple retirada rusa después de años de sacrificios, también podría generar problemas dentro de las élites y los sectores nacionalistas que han apoyado la guerra.

Zelenski en la cumbre de la OTAN de Vilna (2023)

Si después de cuatro años terminas firmando prácticamente lo mismo que podrías haber firmado después de dos, inevitablemente aparece una pregunta incómoda: ¿para qué han servido esos dos años adicionales de guerra?

6. Esta guerra no la están jugando únicamente Rusia y Ucrania

Ucrania puede continuar combatiendo porque Europa y otros aliados proporcionan dinero, armamento y apoyo logístico. Precisamente por eso, cualquier acuerdo que se plantee en la cabeza de Zelenski tiene que pasar por más despachos.

¿Seguirá Europa financiando al Ejército ucraniano después de un alto el fuego? ¿Habrá fuerzas europeas desplegadas en el país? ¿Qué hará Estados Unidos si Rusia ataca a otro país europeo?

Y hay más... ¿Cuándo se levantarán las sanciones? ¿Qué ocurre con los activos rusos congelados? ¿Quién paga la reconstrucción?

Ni Washington ni las capitales europeas tienen necesariamente la misma percepción de cuál debería ser la prioridad. A día de hoy, la Administración estadounidense busca acelerar el final de la guerra y abrir la puerta a una futura relación económica con Rusia, mientras los gobiernos europeos temen un alto el fuego demasiado favorable para Moscú. Si Rusia queda armada y no existen garantías suficientes para Ucrania, las consecuencias de una nueva guerra también afectarían directamente a Europa.

Y todavía quedan muchas más cuestiones. Habría que decidir quién vigila una línea de alto el fuego, qué ocurre cuando alguno de los dos ejércitos lo viola, qué hacemos con la central nuclear de Zaporiyia, qué ocurre con la navegación por el mar Negro y en qué condiciones podrían levantarse las sanciones.

Intercambio de prisioneros entre Rusia y Ucrania (2026)

Algunos de estos asuntos sí han avanzado parcialmente. Rusia y Ucrania, por ejemplo, han seguido realizando intercambios de prisioneros incluso mientras las conversaciones políticas permanecían bloqueadas.

¿Cómo podría acabar la guerra?

Para que la guerra termine, tienen que cambiar los incentivos que ahora mismo empujan a ambos países a seguir combatiendo.

Una posibilidad es que uno de los dos bandos sufra una derrota militar suficientemente grande como para empezar a aceptar condiciones que hoy considera inasumibles. Otra es que la prolongación de la guerra y el estancamiento provoquen una crisis interna suficientemente grave en alguno de los contendientes. Y la tercera posibilidad es que aparezca un paquete diplomático suficientemente aceptable como para que las distintas partes puedan defender que han conseguido al menos una parte de sus objetivos.

El problema es que ninguna de estas condiciones existe completamente todavía.

Porque el verdadero problema de la guerra de Ucrania es conseguir que, una vez hayan dejado de hacerlo, ninguno de los dos crea que el otro va a volver a empezar.

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