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Memorias de Pez Memorias de pez

octubre 30, 2026 · Por David Rodríguez Escribano

¿QUIÉN VA A GOBERNAR ISRAEL?

Se cuenta que una Gran Asamblea de sabios se reunió hace mucho tiempo tras el regreso del pueblo judío de su exilio en Babilonia. Y esta “Gran Asamblea” es precisamente el origen de la palabra Knéset.

Para el que no la haya leído o escuchado antes, la Knéset es la sede del poder legislativo en Israel. Tiene el poder de elegir al primer ministro –actualmente Netanyahu– y en total cuenta con 120 representantes parlamentarios. No hay nada al azar, ya que 120 es exactamente el número de miembros que se reunió en aquella institución hace milenios.

Salón del pleno de la Knéset.

Los números y la tradición son muy importantes para el pueblo judío. Y, en todos los sentidos, los números y la tradición también van a ser dos factores importantísimos a la hora de formar un gobierno en Israel.

Empecemos por los números. De los 120 representantes de la Knéset, hay una cifra que todo aspirante a primer ministro debe conocer: 61. Es justo la mitad más uno y conseguir estos escaños te da la mayoría absoluta; por lo tanto, permite que el gobierno que se forme sea más estable.

BLOQUE DE NETANYAHU

Benjamin Netanyahu

El Likud, el partido de derecha conservadora-sionista de Benjamín Netanyahu, ha quedado en primera posición con 27 escaños. Tendría que sumar otros 34 diputados para volver a formar una coalición de gobierno en mayoría. Y ¿con quién podría aliarse esta vez “Bibi” para lograr formar gobierno?

Pues con exactamente los mismos que la última vez. Con dos partidos de extrema derecha sionistas y anexionistas; y con dos partidos ultraortodoxos religiosos. Pero la diferencia es que esta vez la cuenta llega hasta 53 y Netanyahu se queda a ocho escaños de la mayoría.

Ben Gvir y Smotrich

Entre los primeros, con 7 diputados cada uno, tenemos a Poder Judío, el partido del infame Itamar Ben Gvir, que es famoso, entre muchas otras fechorías, por humillar a la flotilla de Gaza o promover la pena de muerte para palestinos condenados por ataques mortales. También nos encontramos con el partido Sionismo Religioso, que está liderado por Bezalel Smotrich, el ministro de Finanzas que justificó en público el matar de inanición a dos millones de palestinos. Este último partido está aliado con Zehut, un partido sionista con orientación económicamente libertaria.

Y ahora vamos a la tradición. La dupla de partidos ultraortodoxos, con 6 diputados cada uno, está compuesta por Shas, un partido sefardí conservador que presenta un discurso popular más amplio, y Judaísmo Unido de la Torá (JUT), una alianza asquenazí centrada en preservar la autonomía de sus comunidades religiosas y sus instituciones educativas. Ambos defienden las exenciones militares para los miembros de su comunidad, algo extremadamente clave en la política israelí.

Gadi Eisenkot

BLOQUE DEL CAMBIO

Al otro lado encontramos al denominado “bloque del cambio”. Un bloque que, si tiene algo de cambio respecto al otro, no es en lo que respecta a las políticas territoriales respecto a Palestina. En su mayoría, este bloque también está compuesto por partidos de derecha.

Gadi Eisenkot, creador de la estrategia militar de fuerza desproporcionada de Israel y líder del partido mayoritario –Yashar, con 21 diputados–, ha respaldado la política de asentamientos y ha afirmado que la creación del Estado palestino no está sobre la mesa.

Yair Lapid y Naftali Bennett

Esta posición respecto a Palestina también forma parte de la visión de Juntos, la alianza de derecha sionista que ha conseguido 12 diputados y que está liderada por los ex primeros ministros Yair Lapid y Naftali Bennett. Este último, dicho sea de paso, ha planteado en público la idea de que “Turquía será el siguiente Irán de Israel”.

Lo más liberal que podemos encontrar dentro de este bloque es Israel Nuestro Hogar. Con sus 7 diputados, está llamado a representar a una derecha que defiende el matrimonio y el divorcio civiles, el servicio militar obligatorio y que, por supuesto, apoya extender la soberanía israelí sobre ciertos territorios palestinos.

Como podéis ver, en Israel ya no hay izquierda.

No siempre fue así. El Partido Laborista dominó buena parte de la política israelí desde la creación del Estado, pero se fue debilitando con el transcurso del tiempo, en buena medida, por la cuestión palestina. En 1992 se fundó Meretz, un partido de izquierda sionista que también tuvo peso. A día de hoy, está integrado en el único partido que representa a la izquierda: Los Demócratas de Yair Golan. Cuentan con 8 diputados y defienden una mayor separación entre religión y Estado, se oponen a la anexión de los territorios palestinos y defienden una separación negociada con garantías de seguridad para Israel.

Composición electoral de la Knéset tras las elecciones del 27 de octubre de 2026.

Las cuatro alianzas del bloque de oposición suman en su conjunto 48 escaños, muy lejos de los 61 que necesitarían para un gobierno en mayoría.

PARTIDOS ÁRABES

Sin embargo, nos quedan otros 19 diputados que pertenecen a partidos árabes: los once de la Lista Conjunta, que reúne a la izquierda no sionista y al nacionalismo palestino; y los ocho de Ra’am, un partido árabe islamista y conservador. Si sus escaños se sumaran a los 48 del bloque del cambio, el resultado sería 67. Una mayoría suficiente para respaldar un gobierno alternativo al de Netanyahu.

Pero las cosas no son tan fáciles y está claro que hay muy poca gente en Israel que se sienta cómoda con que la llave del gobierno esté en manos árabes, excepto ellos mismos. Eisenkot y Bennett, los principales líderes del bloque del cambio, rechazan frontalmente tanto el depender de los árabes como el proteger las exenciones militares de los ultraortodoxos. Así que, con estas posiciones sobre la mesa, el tablero queda bloqueado.

Esquema que ilustra algunos de los posibles bloques políticos.

Planteemos todos los escenarios posibles:

1. Las negociaciones fracasan y Netanyahu continúa en funciones hasta nuevas elecciones

Esta es la opción que nosotros creemos más probable. Esto se debe a que las líneas rojas están ya planteadas y ninguno de los partidos políticos tiene incentivos para romperlas. Un pacto con los árabes por parte del bloque de oposición significaría perder la credibilidad y el apoyo popular antes siquiera de haber empezado la coalición de gobierno.

Mientras tanto, Netanyahu conservaría a sus aliados, pero tendría imposible formar un gobierno, y eso llevaría a un bloqueo prolongado y, finalmente, a nuevas elecciones. No es la primera vez que esto ocurre. En 2019 Israel tuvo dos fracasos seguidos en la formación de gobierno.

Cronología de los bloqueos políticos de Israel.

2. El Likud y parte de la oposición se integran en un gobierno de unidad

El bloque del cambio se llama así porque sus integrantes prometieron apartar a Netanyahu del poder. Sin embargo, es más probable que se cruce esta línea roja que el pacto con los árabes. ¿Por qué? Pues porque el cálculo electoral de cualquiera de los partidos de la oposición podría ser favorable.

En primer lugar, Netanyahu sigue siendo un político bien valorado en Israel y su formación ha ganado las elecciones. Si cualquiera de los partidos opositores tiene que saltarse una de las líneas rojas que se han planteado –pactar con los árabes o con Netanyahu–, es mejor saltarse la que tiene menos apoyos.

Por otra parte, un bloqueo político con nuevas elecciones podría favorecer a Netanyahu, ya que “juega en casa”. Cuanto más tiempo esté en el poder, más capacidad de acción tendrá y mejor podrá utilizar su gobierno como un arma de campaña. Esto quiere decir que, quizás, los bloques de la oposición valoren que más vale pájaro en mano que ciento volando.

Otro factor a tener en cuenta es que una alianza entre el Likud y el bloque del cambio podría suponer la expulsión del gobierno de los ultraortodoxos –con la consecuente prohibición de las exenciones militares– y de los ultraderechistas; mientras que dejaría fuera a los partidos árabes. Es probablemente un gobierno que sería visto con buenos ojos por una mayoría social en Israel. Además, con esta medida Netanyahu podría seguir utilizando el poder para protegerse de sus acusaciones judiciales.

Sin embargo, el 7 de octubre y las investigaciones de casos de corrupción pesan mucho en la espalda de Bibi; eso convierte cualquier pacto con él en un riesgo político para quien lo firme. Eisenkot, que perdió a un hijo en la guerra de Gaza, ha hecho de la rendición de cuentas por el 7 de octubre una de sus banderas. Sentarse en el mismo Consejo de Ministros que el hombre al que señala como responsable del mayor fallo de seguridad de la historia de Israel sería, para muchos de sus votantes, una traición difícil de explicar.

Por eso hay una variante de este escenario: un gobierno de unidad con el Likud, pero sin Netanyahu. Si el bloqueo se alarga y el partido empieza a ver a su líder como un obstáculo, quizás se busque un relevo. Otra fórmula posible es un gobierno de rotación, algo que ya sucedió en el año 2020, pero que acabó mal: Netanyahu nunca llegó a ceder el puesto y el gobierno se hundió en menos de un año.

3. El bloque del cambio forma gobierno con apoyo externo de los partidos árabes

Es el escenario que más se parece a lo que ocurrió en 2021, cuando Bennett y Lapid lograron formar gobierno con la participación de Ra’am, la primera vez en la historia de Israel que un partido árabe entraba en una coalición. Pero aquella experiencia dejó una huella profunda: la derecha israelí la ha usado desde entonces como ejemplo de lo que no debe repetirse.

Además, esta vez no basta con Ra’am. El bloque del cambio y el partido islamista suman solo 56. Haría falta también la Lista Conjunta, que incluye a formaciones no sionistas, y eso es algo que ningún líder de la oposición parece dispuesto a asumir. La única fórmula sería un gobierno en minoría que se apoyara en una abstención o un apoyo externo de los partidos árabes, sin que estos entraran a gobernar. Pero, claro, cualquier votación importante dependería de ellos. Esta opción podría favorecer a los partidos árabes, que recuperarían influencia y podrían negociar inversiones para sus comunidades, y a Los Demócratas de Yair Golan. Y ninguno de los partidos mayoritarios quiere esto.

4. El bloque del cambio pacta con los ultraortodoxos

Los 48 escaños de la oposición más los 12 de Shas y Judaísmo Unido de la Torá suman 60. Les faltaría un solo diputado. Parece una locura, pero, sobre el papel, los ultraortodoxos son partidos bastante pragmáticos: les interesa menos quién sea primer ministro que conservar sus exenciones y la financiación de sus instituciones religiosas. Ya han gobernado con laboristas y centristas en el pasado.

El problema es que esta vez el gran tema de la legislatura es justo el que los separa. Después de dos años de guerra, la exención militar de los jóvenes ultra ha hecho mucho daño en parte de la sociedad israelí y los líderes del bloque del cambio han construido su discurso sobre la igualdad en el servicio militar. Pactar con los ultraortodoxos significaría renunciar a eso. Es un escenario absolutamente improbable, pero no podemos descartar que estos partidos acaben vendiendo su apoyo al mejor postor.

En el fondo, lo que muestran estas elecciones es que el debate político israelí ya no gira en torno a la izquierda y la derecha, ni siquiera en torno a la cuestión palestina, en la que la gran mayoría de los partidos judíos comparte posiciones muy parecidas. La verdadera línea divisoria es Netanyahu: a favor o en contra de él. A eso se suman quién sirve en el ejército y quién no, y hasta qué punto los ciudadanos árabes de Israel tienen derecho a decidir sobre el país en el que viven.

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